viernes, 22 de enero de 2016

RESERVA DE LA BIOSFERA

La reserva de la Biosfera es un título que otorga la Unesco a determinados hábitats para fomentar la integración del hombre y el medio ambiente.


Los Ancares, reserva de la biosfera: una frontera natural entre Galicia y la cuenca de El Bierzo. Una zona limpia, clara, hermosa, donde invita, al que allí se acerca, a sentirse en comunión con la naturaleza. Fue habitada por las tribus celtas que se refugiaron en las montañas huyendo de las legiones romanas construyendo castros en las tierras altas.


La montaña brota en tonalidades infinitas de verde y lo más sorprendente de esta zona es, no tanto  las alturas, sino  los fuertes desniveles que existen; desde el encajonamiento de valles hundidos por debajo de los 300 metros hasta picos de casi los dos mil en pocos kilómetros

Es una zona de gran altitud y por lo tanto muy aislada de núcleos de población, lo que ha permitido la supervivencia de tradiciones y la conservación, a lo largo de los siglos, de una arquitectura popular que ha desaparecido de otras zonas del norte de España.

Se sube y se baja, retrocedes, giras y tuerces a la derecha y, a la izquierda y das vueltas por los bosques y preguntas, y... cada vez que preguntas más liado te parece que estás entre carreteras, corredoiras, pistas y caminos. Pero da lo mismo, ya encontrarás el castro celta, porque perderse aquí, merece la pena.

Aquí el forastero puede descubrir lo que es la Ley del Kilómetro Gallego: perdido entre tanta carretera, que asciende y desciende se puede preguntar a algún abuelo que aparezca en el camino. ¿Cuantos kilómetros me quedan? si el paisano contesta "que tres o cuatro" faltan quince seguro, pero... ¡qué quince! Un festival de curvas ciegas llenas de gravilla y socavones donde podrían vivir familias enteras.
A lo lejos van apareciendo las pallozas , esas construcciones circulares que han sobrevivido al paso de los tiempos entre el frío, el viento y la nieve. Pero, insisto, es un paisaje para perderse en él, siempre y cuando vaya uno bien aprovisionado para cualquier emergencia, pero los rodeos merecen la pena, porque el castro de Santa María ofrece un buen ejemplo de que en estas tierras dos mil años no son nada. Aquí las casas se han construido de la misma manera que desde tiempos de Julio Cesar.


Las pallozas se construían con un muro de piedra muy grueso, sin más huecos que la puerta y algún ventanuco para no perder el calor del hogar. El techo se levantaba con vigas de roble y una cubierta de paja de centeno trenzada. No se abría un agujero para la chimenea: el humo se filtraba a través de la paja. En el interior, separados por tablones que solo llegaban a media altura, convivían personas y animales que proporcionaban calor en este invierno blanco enormemente frío.




sábado, 16 de enero de 2016

Gallegos Valientes

"O día do Medulio
con sangue quente e roxa
mercámo-lo dereito
á libre honrada chouza!"
   (Ramón Cabanillas, "En pé, en pé! 1917




La esclavitud es una forma de sometimiento del hombre por el hombre, que se practica desde la antigüedad y para vergüenza de éste, continúa actualmente bajo formas muy diversas.

Existieron muchos pueblos que preferían la muerte antes que quedar privados de libertad.

En el año 22 a.C. faltaban pocas tierras en Gallaecia por ser dominadas por los romanos, sin embargo aún quedaba un buen número de sublevados dispuestos a morir antes de ser convertidos en esclavos.
A la orilla del río Miño se elevaba el monte Medulio; monte difícil y escarpado, lleno de rocas y peñas, casi inaccesible.
Los propios guerreros habían creado un foso para aumentar la resistencia ante los romanos que iban llegando y estaban cada vez más cerca. Se escondieron en distintos lugares para sorprender a las centurias y a dos legiones romanas que esperaban al otro lado del río Miño. Los centuriones Antisio y Firmio, cada uno por un lado diferente, dirigían sus cohortes de legionarios de cara a la cima.
Estaban deseosos de aniquilar cuanto antes a los resistentes guerreros galaicos que habían ido colocando trampas diseminadas por las laderas del monte y esto estaba creando bastantes bajas entre los romanos que caían heridos en ellas durante la ascensión. El terreno, en definitiva, se les hacía impracticable para la batalla. Poco a poco iban llegando al gran foso que había sido creado por los aliados resistentes. El sol comenzaba a elevarse y se ocultaba de vez en cuando por alguna nube negra amenazando lluvia. Se acercaba el mediodía.
Rodeados por todos los flancos de la montaña no tenían otra opción que esperar la llegada de los romanos y cuando estos superaron el foso comenzaron a lanzar piedras y antorchas que pronto comenzaron a crear incendios al prender los tojos, haciendo más difícil y ardua la ascensión al monte Medulio.
Las mujeres prendían antorchas, creaban cadenas humanas para hacerlas llegar a los hombre que se encontraban en el acantilado. Los niños recopilaban piedras de distintos tamaños y creaban montículos cerca de los adultos para que estos las lanzasen. A punto estaban los romanos de comenzar a escalar los últimos metros cuando de los matorrales salieron como furias los iracundos guerreros galaicos y comenzaron a matar con saña a los romanos.

Los recursos para defenderse se fueron haciendo escasos. Vieron morir a muchos guerreros cruzados por las lanzas romanas. Pero ya lo tenían todo programado, en caso de que sufriesen la derrota en la batalla, nunca se entregarían. O luchaban hasta la muerte o morirían suicidándose.
El tiempo se agotaba. Los niños habían ido recogiendo las bayas de los tejos de la zona. Todos comenzaron a repartirse las bayas rojas venenosas. Familias enteras se arremolinaban bajo las arboledas esperando el momento de la muerte. Algunos guerreros aun esperaban matar algunos romanos más, otros, en cambio, prefirieron morir junto a sus familiares hundiéndose una daga en el corazón cuando otros  abrazándose en un ritual hundían su espada en el corazón del amigo y compañero mientras ambos caían heridos de muerte.

Los romanos fueron llegando poco a poco a la cima: Quedaron perplejos al encontrarse una cantidad de guerreros gallegos, bravos y regios inertes en el suelo. Un suicidio múltiple por la libertad, por la libertad de las tierras de Galicia.
Así la honra de los últimos resistentes guerreros gallegos nunca más sería vencida.
Su historia sorprendió a las altas esferas de Roma que hablaban de la enorme valentía de los galaicos, muy parecida a la de los galos, que prefirieron morir con orgullo proclamando su libertad antes que ser esclavizados.
A Galicia le llamaron la pequeña Galia.
El monte Medulio, abandonado con las víctimas en su cima se convirtió en el símbolo de la libertad de las tierras Galaicas.
La mayor parte se libró de la cautividad que para una gente hasta entonces indómita parecía más intolerable que la muerte.












viernes, 8 de enero de 2016

QUEICOA

"Queicoa" significa en "Barallete", la lengua de los afiladores; héroe, luchador, ser mítico. Así les llamaban  a aquellos viejos afiladores que llevaban a sus espaldas muchos kilómetros y muchos caminos. Eran hombres curtidos de trabajar en el campo que un día decidieron hacer su gran viaje a ninguna parte con la compañía del girar de una rueda.
Caminaban y soñaban. Si afilaban vivían y si paraban, morían

Orense, es la tierra de los afiladores, de la "Ribeira Sacra", del "Entroido" y los "magostos" y por supuesto del licor café. A " Terra da chispa",que algunos traducen por tierra de audaces. Llamada así  por la cantidad de afiladores que poblaban estos lugares ya que el oficio consistía en afilar cuchillos y navajas así como todo tipo de herramientas y cuando esto se hacía saltaban chispas " no rebolo", piedra de afilar, que era en donde se afilaba.
La rueda al afilar echa un chorrito de chispas. Este es el origen del apodo.
Para anunciar su llegada suele emplear, el Chiflo, una pequeña flauta de Pan de cañas o plástico como silbato y la va haciendo sonar en sus tonalidades de grave a agudas y viceversa.
El afilador es un campesino gallego que no puede vivir de la tierra, sin embargo, no le quedó otra alternativa que abandonar la aldea y recorrer las miles de callejuelas de países que fue visitando a lo largo de su vida.
¡ Que remedio! Hay que emigrar, como ahora y como en tantas ocasiones a lo largo de la historia de tantos países del mundo cuando la vida se hace dura e irrespirable.
La provincia de Orense ha sido la cuna de estos hombres que recorrieron el mundo cargando a sus espaldas o empujando, una rueda de afilar.
Tenían los afiladores  lenguaje propio, ya perdido en la actualidad. Este idioma particular se llama "barallete" y está basado en el gallego hablado en Orense que se encripta con la sustitución de palabras habituales por otras inventadas y sin ninguna conexión lingüística con ella. Era imposible para el que no perteneciera al gremio, entender la conversación. Hoy en día es un lenguaje para el recuerdo.


En las aldeas orensanas quedan algunos viejos afiladores que en sus años mozos dieron la vuelta al mundo.

La leyenda dice que la rueda de afilar fue inventada por un herrero. Es muy difícil de construir, requiere mucha paciencia y mucho arte, cosas estas también indispensables para ser un buen afilador. Es en el siglo XVII cuando aparecen los primeros. Hace, por tanto, trescientos años, que los afiladores orensanos andan dando vueltas por los caminos del mundo.


 Hoy está en vías de extinción este oficio que representa toda una cultura de trabajo y sacrificio.
Ya no se oyen por las callejuelas del ancho mundo a estos hombres. La chispa está a punto de apagarse para siempre. Una chispa que saltaba de la rueda y era arrastrada bajo la lluvia y el viento.
Orense tierra de afiladores y paragüeros, hombres que recorrieron el mundo llevando en su corazón su tierra, mucho ingenio y su chispa particular´


"Hombres que son héroes desconocidos de novelas que no se escribieron"
                                                                    Florentino López Cuevillas ( antropólogo e historiador)





















martes, 29 de diciembre de 2015

OTRO AÑO MÁS

Hace un año escribía esto en el blog.


"La tierra tarda en hacer un giro completo alrededor del sol, 365 días, 5 horas y 48 minutos. Esto es lo que dura nuestro periplo por el espacio alrededor del dios sol, esa estrella incandescente adorada por multitud de civilizaciones a través de los siglos aportándonos la vida tal y como hoy la concebimos en nuestra realidad.
Sin duda, viajar por el espacio tendría, a la fuerza, que hacernos cambiar nuestra concepción de la vida si fuéramos capaces de levantar la mirada. Una y otra vez emprendemos este viaje que parece no llevarnos a ninguna parte mas que a sumergirnos en esta noria del tiempo. Nos deseamos felicidad, salud, trabajo...al iniciar con esperanza esta nueva travesía.¡Ojalá que así sea!
Sin embargo, no dejo de preguntarme si será que a fuerza de tanto giro en el espacio y tanto repetir itinerario nos hemos mareado y se han embotado nuestros sentidos y también nuestra capacidad de pensar.¿Será que solo nos importa lo que ocurra en nuestro espacio más inmediato? en nuestro microcosmos particular y privado?
Ojalá, ojalá, que seamos capaces de mirar por la ventana de nuestra nave, aunque sólo sea para poder apreciar la grandiosa belleza de lo que existe fuera de nosotros mismos, y volver luego, con el alma llena de estrellas para seguir recordándonos que en esta nave, que tripulan unos pocos, viajamos todos y debe volver dentro de 365 días al mismo punto de embarque pero mejorada, renovada de solidaridad y generosidad con aquellos que viajan en peores condiciones."
Feliz viaje a todos.



Un año más tarde, si hacemos un balance sobre lo que ha hecho el mundo por mejorar la especie, el planeta, la solidaridad entre los pueblos y un largo etc, tengo, tristemente, que admitir un fracaso abrumador.  

Ojalá, que cuando los niños canten, los adultos no hagamos oídos sordos al escucharlos. 

martes, 22 de diciembre de 2015

RECETA DE NAVIDAD


 Es importante recordar, como preparar esta estupenda receta que aquí dejo para todos.
¡Está riquísima.!

PREPARACIÓN:
Limpia los recuerdos y quítales las partes echadas a perder o que no sirvan.
Agrégale una a una las sonrisas, hasta formar una pasta suave y dulce.
Ahora añade las esperanzas y permite que repose, hasta que doble su tamaño.
Lava con agua cada uno de los paquetes de la alegría, pártelos en pequeños pedacitos y mezcla todo con el cariño que encuentres.
Aparte, incorpora la paciencia,  la pizca de locura y la ternura cernida. 
Divide en porciones iguales todo el amor y cúbrelos con la mezcla anterior
Hornéalo toda tu vida en el horno de tu corazón.
Disfrútalo siempre con toda tu familia, con el sabor de lo nuestro.



CONSEJO: Se puede agregar a la mezcla anterior dos cucharadas de comprensión y 300 gramos de comunicación para que esta receta dure para siempre.


Cuando un niño nace, nace la esperanza de un mundo mejor, sin embargo ese niño es un regalo que se construye  pulso a pulso, paso a paso.




FELIZ NAVIDAD





jueves, 17 de diciembre de 2015

Alborada: la música que arrullaba el corazón de los celtas


La "alborada" es el tiempo del alba, esa primera luz del día, antes de que salga el sol, pero para nosotros, es mucho más que ese espacio de tiempo necesario para que el día nazca.

Es música y poesía.
Para Curros Enriquez, la " alborada" es la música que arrullaba el corazón de los celtas" porque la "alborada vieja" dicen que es la música con más de cuatro mil años de tradición.

Es el canto matinal a la luz roja del amanecer - cuando renace el sol- para acompañar la oración celta, al Astro Rey, en la hora primera en la que se postraban ante él.
Aquella "alborada" pasó con el tiempo a ser la música de reuniones de los clanes y de las procesiones sagradas.



Hoy en día, es la música que inicia la fiesta pagana, aunque se celebre con la disculpa del honor de Nuestra Señora, que sale en procesión, también a ritmo de alborada. Sirvió por tanto para la religión y para la guerra; para la superstición y para la fiesta.
Es un rezo que llegaba a lo más profundo del corazón de los dioses.


ORACIÓN CELTA

Que Dios nos dé
Para cada tormenta, un arco iris,
Para cada lágrima, una sonrisa.
Para cada acto de ternura.
una promesa.
Y una bendición en cada momento
difícil.
Que siempre tengamos un amigo fiel
para compartir nuestros problemas,
Y que cada oración siempre sea escuchada y respondida.
Es el himno de guerreros galaicos, la música dulce que sosiega el mar y que se posa sobre las cosechas para protegerlas.

La "alborada" es el saludo que se da al sol, al amanecer, la poesía o la música que se toca para celebrar el nuevo día.. Por eso, antiguamente, la "alborada" era cualquier melodía que el gaitero tocaba a primera hora para anunciar el comienzo de la fiesta.







BENDICIÓN CELTA
Que el sendero enseñe el mejor camino,
Que el viento sople siempre a tu espalda
Que el sol ilumine siempre tu rostro´
Que la lluvia fertilice tu campo
Y hasta que nos encontremos de nuevo,
Que la Diosa te guarde en la
palma de tu mano.










lunes, 7 de diciembre de 2015

Adiós al otoño

Adiós al otoño. Se va, como tantos otros que ya se han ido. Es una estación melancólica a pesar de que toda ella estalla y se inunda de color. Es, sin duda, el tiempo que precede al sueño, el adiós a la vida, pero no cabe duda que es una despedida grandiosa. Y, lo es, aquí en Galicia si nos obsequia con días luminosos y claros sin  lluvia, como ha sido este que nos abandona.
En Galicia, otoño, es sinónimo de magostos y sin duda la castaña es la triunfadora de esta época del año.
Es preciosa, tiene una piel digna de las mejores reinas. De color tostado, brillante y suave, fruto de los enormes castiñeiros que pueblan Galicia.
 Ha estado protegida durante todo el verano por su capa espinosa, primero verde de suaves púas y a medida que el calor ha ido desapareciendo se ha tornado de amarillo ocre y al fin ha terminado por desprenderse del castaño para caer al suelo donde finalmente, su erizo, ya de color oscuro, se ha abierto por fin, ofreciéndonos su precioso y rico tesoro.
El souto  es el lugar del castiñeiro, el árbol indispensable de  la aldea de media montaña, que sirvió de alimento en muchos hogares gallegos.

Evocan siempre recuerdos, recuerdos de bolsillos calientes y de cara fría, de aromas a leña y a fruto tostado que las castañeras ofrecían en cualquier esquina de una plaza. Aquellos cucuruchos nos calentaban las manos y nos quemaban la boca porque eramos incapaces de esperar a que se enfriaran. Entre risas, íbamos corriendo la calle con las castañas calentitas y el frío de la noche pegado en el rostro.

Quizá sea este un oficio tan antiguo como nuestra memoria nos permita recordar. Es inevitable asociar la llegada del otoño, con la aparición en las calles y plazas del castañero. Hace años vender castañas asadas en la calle, era oficio de mujeres.
Solían ser mujeres curtidas por el frío helador, que en esos años era propio de los inviernos en gran parte del noroeste de España. Eran personajes entrañables y conocidas en los barrios y plazas. Con el paso de los años este oficio estuvo en decadencia llegando casi incluso a desaparecer en muchas ciudades.
El hombre se alimentó de la castaña desde tiempos que ya ni podemos recordar. El castaño fue llamado por los romanos "el árbol del pan" pues se hacía harina de las castañas secas para alimentarse durante todo el año, formaban parte importante de la alimentación de los pueblos de montaña, hasta la llegada del maíz y la patata. En los cultos celtas, el castaño era venerado por sus druidas, junto al roble, el laurel y el tejo formando parte del bosque sagrado.

Las castañas son la paz
del hogar. Cosas de antaño.
Crepitar de leños viejos,
peregrinos descarriados.

Federico García Lorca

Y así, con esta luz dorada y con el aroma de la leña inundando el hogar otro otoño se va.



miércoles, 2 de diciembre de 2015

Percebeiros



Los temporales comienzan refunfuñando entre las rocas rizando la superficie del agua, no obstante su ira va en aumento levantando olas que impiden, demasiado a menudo, salir a la mar.

Estos hombres, aman su trabajo, aman el riesgo, aman el agua que les llena la boca de mar y sal y, con toda certeza si volvieran a nacer elegirían mil veces la dureza de un oficio que les permite vivir en íntima relación con la salvaje naturaleza y saben, que cuanto peor está la mar, mejor sabe el percebe.


Habría que subirse a una de estas barcas de las que salen a diario desde los muelles para saber, que este trozo de costa es la zona más brava del litoral. Alejarse del pueblo, dejar atrás el faro de punta Candelaria para llegar hasta  A Gabeira.
Allá abajo, San Andrés de Teixido, justo antes de que acabe la costa de Cedeira y empiece la que pertenece a Cariño.

Llegan varias lanchas y allí cada cual se busca un punto de la roca de la que se cuelga y comienza a faenar. Poco a poco va subiendo la marea, el paisaje se va volviendo salvaje por momentos cuando el agua estalla contra las rocas. Mientras, los hombres van arañando las rocas sin dejar de mirar al frente, para estar atento a las olas que están dispuestas a golpearlos sin  piedad.
Hay que apresurarse y estar bien atento para no resbalar por el acantilado. Han decidido acercarse a una roca difícil, de esas que a ellos les gustan, y avanzan entre las piedras como lagartijas.
No les asusta morir en el mar pero sí les asusta quedar lesionados; a tener que depender de alguien, a no poder reptar entre las piedras. En una mano el gancho y la cabeza bien en alto, sin perder de vista la mar.
Al mar no se le puede dar la espalda, hay que mirarlo siempre de frente, porque es muy traicionero.
Utilizan un sonido seco que sale de la garganta para advertirse unos a otros del momento en que hay que dar un paso atrás para que no se les trague el agua que golpea con fuerza.

.
Nada es de nadie, todos se ayudan si llega el momento. Las historias tristes aparecen y vuelve la añoranza.





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