viernes, 3 de abril de 2015

Ser en la vida romero

"Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por
caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin
pueblo.
Ser en la vida romero... sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el
alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y
ligero,
ligero, siempre ligero".
León Felipe


Dicen, que hay tantos caminos a Santiago como peregrinos. En realidad, no tiene importancia ninguna donde se inicie el peregrinaje. Tanto si se comienza en Roncesvalles como si se decide por el camino de

la Plata o por cualquier otro, la emoción que  refleja el rostro de cualquier romero a su llegada a Santiago no se puede describir.
En su interior y en su cuerpo cansado, se han ido acumulando vivencias y experiencias a lo largo de los miles de pasos que han ido dando bajo la lluvia, el viento o el sol.



Como símbolo de bienvenida se celebra una misa: la misa del peregrino todos los días a las 12 horas en el altar mayor de la catedral de Santiago mientras dan gracias a Dios por las experiencias vividas y por haber alcanzado su meta. Al comienzo, se lee el nombre de los romeros llegados, que han pasado a solicitar la compostela,  en las 24 horas anteriores. Además del nombre del peregrino también se indica su nacionalidad y el lugar desde el que cada uno inició su peregrinación.

El domingo de Resurrección es uno de los días señalados del año en que se puede ver funcionar al botafumeiro, que para columpiarse por el interior de la catedral necesita ocho hombres llamados tiraboleiros. Estos, mediante un sistema de poleas lo hacen funcionar a 20 metros de altura y a una velocidad de 68 km por hora, en sólo minuto y medio.
Este incensario, se viene usando desde la Edad Media como instrumento de purificación de una catedral en la que se apiñaban las multitudes venidas desde todas partes del mundo.
 El olor del incienso, las velas, la media luz, las voces  cantando  a coro el Himno del Apóstol acompañadas del sonido del órgano, las emociones que transmiten los peregrinos y la propia de cada alma, es suficiente para un encuentro con la soledad que cada uno lleva, tanto si ha llegado a la meta como si todavía se encuentra en una etapa del camino.
Y así, Santiago sonriendo desde detrás del altar mayor nos acoge a todos en un abrazo espiritual lleno de emoción.

miércoles, 1 de abril de 2015

Abadía de Samos

 En el interior de Galicia, en un precioso valle entre montañas se encuentra la abadía Benedictina de Samos,  uno de los tres Monasterios que aún están habitados, por monjes, en esta tierra.



A orillas del río Oribio y en un valle que da entrada a los montes de Piedrafita, se levanta el antiguo Monasterio de San Julián de Samos, regido por monjes benedictinos y fundado por san Martín Dumiense en el S.VI. y es uno de los centros religiosos más importantes de Galicia.
De camino a Compostela los peregrinos se encuentran con el Monasterio antes de llegar al pueblo y para  muchos es el final de la tercera estación del Camino Francés.

Es, pues,  paso obligado  para los peregrinos que quieren llegar a Santiago. Con los siglos además de hospital de peregrinos, se convirtió en un lugar de entierro de los caminantes que fallecían en el camino a su paso por Lugo.




Esta abadía alberga la historia de muchos pueblos y hombres que pasaron por ella y que siguen pasando, pues es Camino de Santiago, pero sobre todo guarda un tipo de vida monástica marcado por la cultura gallega, por nuestro pueblo, su historia y su gente.
Le acarician las aguas del río Sarria que besa los sólidos muros del Monasterio construidos con mampostería de pizarra.
Los larguísimos pasillos del convento están vestidos con piedras en las que se dibujaron  murales que cuentan la vida del fundador.



 “Un monasterio sin libros sería como un castillo sin defensas”, así reza una inscripción en latín sobre la puerta de la biblioteca donde se conservan manuscritos de la Edad Media, doce incunables y grandes colecciones de obras de teología escritas en griego y en latín.




                                         Un lugar en el que parece haberse detenido el tiempo. 






















domingo, 22 de marzo de 2015

E O VENTO DECÍA...


Siempre ha sido difícil separarnos de aquello que amamos.Decir adiós no es fácil. Los adioses duelen, uno no quiere irse,¡hay tantas cosas que se quedan!. Lo mejor es no volverse y ver como todo va desapareciendo en la lejanía.
De nuevo ha vuelto el fantasma de la emigración para llevarse a nuestros mozos y mozas.
 El exilio es uno de los mayores temores que afrontan muchas personas. En alguna sociedades se proponía como una alternativa a la muerte.
 El hombre queda desconectado de sus orígenes, vive a un ritmo que ya no es el suyo, persiguiendo un sueño, una meta, entre la niebla que produce la tristeza, la nostalgia, la añoranza y se convierte así en un extraño en su propio mundo.
Platón nos cuenta en la Defensa de Sócrates que, ya declarado culpable, el viejo maestro es invitado a elegir su propio castigo. Pero...
¿" Como podría vivir en otra tierra, privado de mis vecinos, entre gentes que no me conocen" ? " Y si no he podido ganarme vuestro afecto, a pesar de haber nacido y crecido entre vosotros, ¿Como puedo aspirar si quiera al resto de los ajenos?."
Para Sócrates el exilio es peor que la muerte.
¿Cómo es posible que alguien elija por propia voluntad, no presionado por la amenaza de un castigo irreversible, cortarse las raíces que lo atan a su historia?
El futuro se convierte en la única dimensión "habitable", un proyecto que ayuda a no volver la cabeza y llorar lo perdido. La vida se llena de metas aunque a veces no son más que tretas para engañar la soledad del extrañamiento Llevan en sus baúles la vieja cultura y la gratitud por la nueva vida que se han prometido.
Emigrantes a ratos, exiliados a veces, desarraigados siempre.
Y así, en silencio, pienso en ti, en ti dolor, en ti viejo amigo.
No, no pensé nunca que veríamos marchar a nuestros hijos y que eso aún causando tanto dolor, causaría menos que mirarles y ver su triste mirada llena de nada.





sábado, 14 de marzo de 2015

La Costa de la muerte

Una región de Galicia que fue considerada el fin del mundo durante el Imperio romano: "A Costa da Morte"

Cuenta la leyenda... así comienzan todos los relatos de antaño donde el misterio, la incógnita y la magia están garantizados; pues sí, cuenta esta leyenda y habla de un lugar de la costa gallega donde la fuerza del mar se deja sentir en sus enormes acantilados haciéndolos especialmente abruptos y escarpados. El mar aquí no tiene piedad ni con barcos ni con hombres y hace de esta zona un cementerio para cientos de marinos.
"A Costa da Morte": Impresiona su nombre, también impresiona el lugar y no solo por su belleza, sino también por su soledad, su silencio, su grandiosidad. Se debe su nombre a la cantidad de naufragios y muertes que en esta zona ocurrieron desde cientos de años atrás.
Varias son las leyendas que se cuentan de esta lugar pero quizás la más antigua y la más impactante tuvo que originarse en tiempos muy remotos en donde las únicas señales marítimas posibles era la costumbre ancestral de hacer sonar las caracolas de mar en los días de niebla o las hogueras, que las mujeres encendían en los cabos y las atalayas para señalar a sus hombres el camino de regreso a tierra.
 Yo he oído el sonido de los faros en multitud de ocasiones cuando las nieblas rodean los barcos en una trampa mortal. Es un sonido que parece salir de las entrañas del mismo mar, es un sonido que guía en una ceguera sin límite, es un sonido lúgubre pero, al fin y a la postre, un sonido esperanzador ya que en esos instantes no hay nada que te guíe más que ese sonido que se cuela entre la niebla. 
El excesivo número de hundimientos que se han dado a lo largo de esta costa, culpabilizando a las gentes de este lugar, fue seguramente lo que le dio ese nombre a esta zona ya desde tiempos antiguos.
Se dice que en las noches de temporal y de poca visibilidad, cuando las nieblas se asentaban por días sobre la zona e impedían a los navegantes avistar la costa, pequeños grupos de paisanos acuciados por el hambre y la miseria provocaban los naufragios de los barcos para apropiarse de sus cargamentos con la artimaña de la vaca-farol.
 Acudían con sus bueyes a pasearlos por los límites de los cabos, colgando de los cuernos pequeños faroles encendidos que simulaban el balanceo de las luces de otras embarcaciones navegando. Los marinos, que navegaban en el lugar, confundían la luz de estos faroles con la luz de otras embarcaciones que navegaban más cerca de la costa y a mayor resguardo de la tempestad y así, optaban por imitarla, aproximándose también y estrellándose sin remedio contra los acantilados, cayendo así, en una trampa mortal.


En pocos minutos el barco estaba perdido porque entonces las gentes del lugar aprovechaban para saquearlo y su fuera preciso asesinar a los indefensos náufragos. 

Si esta historia es cierta, es imposible de saber pues en esta tierra el silencio se mantiene sobre los asuntos delicados que no van con ellos. Este silencio cómplice es el que ha impedido que nunca se haya probado este proceder tan bárbaro, si es que alguna vez se produjo. 
Quizás no haya sido nunca la piratería ni tampoco las gentes del lugar que en multitud de ocasiones arriesgaron sus vidas con un gran mar de arbolada y se lanzaron a ella para auxiliar a los náufragos. La muerte es una constante en estos pueblos que son acariciados a veces y otras golpeados por la fuerza de su océano.

domingo, 8 de marzo de 2015

¡HABELAS,HAINAS!




" Vengo del país de la lluvia eterna
Vengo del fin del mundo.
Soy de donde el agua muda la eternidad en melancolía y la melancolía se torna en nostalgia perenne.
Vengo de la más hermosa tierra que la naturaleza, en su eternidad, pudo parir.
Vengo de la piedra y el viento del norte, gélido y eterno.
Soy del país que los hombres llaman Galicia.
Soy de la tierra que los dioses quisieron llamar ETERNIA."

Galicia, es tierra envuelta tantas veces en niebla grisácea que hace que todo sea misterioso. Cualquier ser extraño y maléfico puede existir escondido en ella mientras avanza entre los árboles del bosque y entre los valles envolviéndolo todo en una luz suave, clara y tamizada por las sombras. Hace que puedas viajar en el tiempo y escuchar antiguas historias olvidadas que ya sólo ella recuerda.
Amparada llega la noche, el mundo parece pararse, todo es silencio, todo es serenidad. Se prepara para el atardecer y, las criaturas de la noche comienzan a despertar. Las sombras se extienden, huele a tierra húmeda, brotes frescos. Se  oye el agua del río, las hojas que se mueven con la brisa y en lo alto, una luna quiere asomarse entre las nubes.



Así, en los caminos donde silba el viento y azota la lluvia, en las fragas umbrías, en las encrucijadas de los caminos podemos encontrarnos con estos seres misteriosos, mágicos y, notar su presencia mientras un escalofrío de miedo recorre nuestro cuerpo.



Si de noche has de cruzar caminos en Galicia habrás de tener cuidado con una de las Meigas que habitan en esta tierra. Su aspecto de anciana no llamaría la atención de nadie, de no ser porque las prendas que lava en el río están siempre manchadas de sangre. Ésa es su condena ya que, mató a su hijo recién nacido y debe limpiar las ropas ensangrentadas noche tras noche durante toda  la eternidad.  Ella pide ayuda, pero no te detengas ni la mires si quiera, porque aquél que intenta ayudarla desaparecerá para
 siempre.

  La lavandera de la noche.
Era una noche de luna,
 era una noche clara,
yo pasaba  por el río
 de vuelta de la molienda.
Encontré a una lavandera, 
que lavaba cerca del agua,
ella lavaba en el río,
 y una cantiga cantaba:
"Niña que vienes del molino, 
niña que vienes por la camino
Ayúdame a retorcer 
mi sábana lavada."
Desaparece la lavandera
 como humareda esparcida
y donde las sábanas tendía
 un pozo de sangre dejó.
Era una noche de luna,
 era una noche clara.

Y para protegerse de las meigas dañinas:
Colocar una escoba vuelta del revés tras la puerta de entrada
Llevar un diente de ajo
Tener en casa ramas de laurel.
Y por último poseer colgantes de distintas piedras que sean capaces de rechazar encantamientos.

 "Yo no creo en las meigas pero haberlas las hay"
Y como en todo, y... siempre, que cada cual saque sus propias conclusiones.




sábado, 28 de febrero de 2015

¡ TIERRA!

Con un presupuesto de dos millones de maravedíes  y alrededor de 90 hombres reclutados con la ayuda de los hermanos Pinzón  Colón partió con tres embarcaciones La Pinta, La Niña y La Santa María del puerto de Palos antes de clarear el día marcando rumbo al oeste comenzando así la gran travesía.
Después de navegar 8oo leguas sin avistar tierra ninguna, la tripulación de la Santa María se amotinó. Sofocaron el motín con la ayuda de los hermanos Pinzón. Sin embargo tres días más tarde, en la madrugada del 9 al 10 de octubre el malestar se extendió a toda la tripulación incluídos los Pinzón, produciéndose el segundo motín. Acordaron navegar tres días más y sí al cabo de este tiempo no encontraban tierra regresarían.  No hizo falta en la noche del 11 al 12 de octubre, el marinero Rodrigo de Triana lanzó al viento el grito esperado de: "TIERRA"


Fue la villa marinera de Baiona la Real, situada a 20 km de Vigo el primer puerto europeo que conoció la existencia de otras tierras más allá de los mares el 1 de marzo de 1493.

Cuando juntos regresaban a España surgió una gran tempestad y  la nave de Martín Alonso se perdió. Llegó con la Pinta a Baiona antes de que Colón arribara a Lisboa. 
Tras unos días de descanso emprendió el regreso a Palos llegando el 15 de Agosto, unas horas después que Colón. Se recluyó, muy enfermo, en el monasterio de la Rábida, donde murió a los pocos días llevándose su versión del descubrimiento.
Se celebra en estos primeros días de marzo, en Baiona, la conmemoración del mayor descubrimiento en la historia de la humanidad. Calles y plazas se visten de sabor medieval mirando hacia ese mar que se abre más allá de su bahía en una gran fiesta.



miércoles, 18 de febrero de 2015

Hombres de mar

"Non quero outra luz senón a túa
Nin quero outro color:  soio o teu intermitente


Non quero outra imaxe, nin  outra servidume
Ni mais fidelidade
Nin quero outra cantiga, nin quero outra paisaxe
Nin outra pertenza.
Tan soio tí, o meu mar, o meu oceáno. O meu Atlántico"




Hay que salir a faenar. Es la vida. La oscuridad de la noche funde el mar con la tierra en una negrura infinita que desasosiega. El olor a sal y a humedad se pegan a la piel dejando entumecidos los músculos por el viento frío que sopla del norte.
El barco enfila la proa mar adentro y enseguida desparece en la oscuridad.
Mas tarde, el viento se levanta con fuerza, el mar está revuelto, mar de arbolada, las olas se elevan por encima de los hombres cayendo sobre ellos con una fuerza bestial; el barco se mueve tanto que cuesta agarrarse para no salir despedido por la borda, algunos no lo consiguen y desaparecen en el mar.


domingo, 8 de febrero de 2015

LA MÁSCARA


"Yo" no he sido tanto "yo" como los personajes que representé en este carnaval literario. 
Ellos son, pues, en buena parte, mi biografía" ( Miguel Delibes)


El carnaval, etapa en la que durante unos días a las personas se nos permite dejar de ser nosotras mismas para ser aquello que en el fondo deseamos ser. De alguna manera si nos colocamos una máscara creemos que podemos convertirnos en aquello que la máscara representa. Nos ofrece, al menos por un momento, la posibilidad de deshinibirnos y ser otro.
La máscara concede libertad y la posibilidad de esconderse detrás de algo que no deja ver quienes somos, sin embargo este ocultamiento es paradójico, porque tapa una identidad, pero descubre una intimidad. Algo que ocultamos a los demás en esos días queda al descubierto.
Se nos permite vivir una fantasía que está aceptada socialmente en ese ambiente donde la alegría reina durante el tiempo que dura el carnaval
Quién se disfraza suele hacerlo de aquello con lo que se siente identificado de alguna manera.  La máscara lo que sí oculta es ” otro yo “. La máscara concede libertad: “esconderse detrás de algo que no deja ver quienes somos tiene el beneficio de sacar algunos rasgos de personalidad escondidos”.
 Hay un permiso, una especie de tiempo de tolerancia para vivir una "fantasía" aceptable socialmente.
El verdadero éxito del disfraz reside en que, quien lo lleva no sea reconocido como la persona que es, sino como la deseada.
Los disfraces permiten modificar nuestra realidad para realizar un sueño. El pobre se puede convertir en príncipe, el bueno en demonio, el blanco en negro y viceversa, y el hombre en mujer o al revés. Las personas encarnan aunque tan sólo sea por unas horas la vida de aquellos personajes que siempre les hubiera gustado ser.
Cualquier disfraz o máscara, refleja algo que nosotros mismos no nos atrevemos a revelar cuando nos vestimos en el día a día. El individuo se libera de su identidad establecida y sale a la calle como "otra persona".
Nuestra personalidad es compleja. Una máscara no es lo que uno es, sino una representación, verdadera o falsa, que se exhibe. Se utilizan en todas partes del mundo porque cada ser tiene diferentes facetas: Lo que somos, lo que queremos ser, lo que aparentamos, lo que los demás ven o quieren ver en nosotros. Estas distintas "caras" de nosotros mismos, la mayoría escondidas, son las que nos hacen desear ser otro de manera subjetiva e inconsciente. El disfraz permite sacar temporalmente la máscara que siempre llevamos. La sociedad impone ciertos roles que a veces enmascaran nuestro verdadero ser. Esto quiere decir que una parte de nosotros mismos esta "enmascarada" y cuando nos disfrazamos, nos permitimos ser como en realidad quisiéramos y después nos volvemos a colocar la máscara de nuestra "personalidad socializada".



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