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miércoles, 13 de diciembre de 2017

De faro en faro respirando el mar


O camiño dos faros es una ruta de senderismo de 200 km que une Malpica con Finisterre por el borde del mar. Un camino que tiene  el mar como protagonista y que pasa por todos los faros de la Costa de la Muerte que bañada por las airadas aguas del Atlántico, es sin duda uno de los paisajes más espectaculares de Galicia.


La luz de los faros, que durante décadas han guiado los barcos y buques que surcaban estas peligrosas costas, será quien ahora guíe mis pasos al borde de un inmenso, enfurecido y bravo mar que sobrecoge a cualquiera. Puedo contemplar las grandes olas batiendo las rocas y escuchar como el viento sopla entre los árboles.

El océano abruma y sobrecoge.

Se respira mar, todo un privilegio, y cuenta con 200 km señalizados siempre de la mano del Océano Atlántico, y en ella podremos admirar siete majestuosos faros: el faro de punta Nariga, faro Roncudo, faro de Laxe, faro Vilán, faro de Muxía, faro de Touriñan y el faro de Fisterra.

El viento, con sus fuertes ráfagas te empuja hacia adelante. Oyes su enorme rugido a  tu espalda. El estruendo de las olas contra las rocas y una imponente espuma alzándose sobre las mismas aguas te recuerda otra vez la insignificancia del ser humano, su enorme pequeñez.

Duele la ausencia de gaviotas amigas sobrevolando por encima de nuestras cabezas, planeando en las ráfagas de un aire no violento.



Baten las olas salvajes, llenas de ira contra las estructuras del faro que se yergue firme sobre las rocas que se asoman al mar.
De noche el faro, fiel vigía de mirada intermitente, impone su presencia. En su interior: el farero.
Pocas figuras producen tanta fascinación como la del farero, personaje solitario y curtido que vive rodeado de mar. Como llenar la soledad! allí frente al mar, soportando al viento y a la lluvia, a la noche y al día, a los fantasmas del silencio, de la tormenta y de la niebla.
Aprende uno a hablar solo en medio de ese paisaje. Decía Machado, que quien habla solo espera algún día hablarle a Dios. Será Él el Gran Interlocutor, pues hoy en día nadie escucha. Estamos inmersos en verdaderos diálogos de sordos. La prisa absurda ha matado el diálogo en la calle y ha sido sustituido por un monólogo mediático.
Mientras, el Gran Interlocutor, sigue esperando nuestra palabra.


viernes, 6 de mayo de 2016

FAROS: Los guardianes del mar


Donde terminaba el malecón y empezaba el muelle estaba el viejo faro, blanco y redondo, con una pequeña puerta, una ventana circular hasta arriba y una inmensa linterna.

Si la mar está en calma:
"Desde el balcón más alto de mi faro
pesco con caña
veinte metros de hilo
y un anzuelo de plata"
Emilio Prados
Los faros, esas construcciones altas, recias, orgullosas, que no temen vientos ni tempestades. Siempre alertas, oteando el horizonte con su gran ojo lleno de luz, como un hermoso dragón que vigila la entrada al mundo de los sueños donde, aveces, nos perdemos.
 La noche se ha vuelto fría y la niebla penetra en el cuerpo clavando sus interminables agujas de hielo sobre nuestra piel. 


El mar ruge desde el fondo de sus entrañas, de repente se ha vuelto violento. Grandes y enormes olas se levantan y se enfrentan furiosas con el enorme dragón. Todo se ha vuelto negro y la ausencia de color hace que nuestro miedo crezca por momentos, parece que se ido la vida.
Caballos con crines blancas cabalgan sobre olas gigantescas que fustigan sin piedad una y otra vez las rocas de los acantilados. Las gaviotas se han refugiado en tierra, ninguna sobrevuela ya, sobre nosotros. No hay estrella en el cielo, ni luna ni ningún otro lucero, solo oscuridad, oscuridad y miedo.
Parece que seremos tragados por la espuma de las grandes olas que después de chocar contra las rocas se retiran a enorme velocidad para volver a acometer con más furia, si cabe, la próxima vez.
Pero...de repente, cuando todo parecía perdido, un sonido, un destello de luz aparece entre la densa y fría niebla. 
Completamente mojados y cansados solo nos queda llevar el barco lo mejor posible, pero sólo los bofetones de las olas en los ojos y las gotas que se colaban por dentro del traje de agua eran capaces de sacarnos del letargo o de la muerte repentina.

No olvidaremos los crujidos del barco, los aullidos del viento y el estruendo de las olas al golpear sobre la cubierta, las violentas sacudidas y por y sobre todas las cosas, la sensación de sentirse muy muy pequeño e insignificante ante esta enorme y sorprendente demostración del poder de la naturaleza.

Adormilados por el frío permanecíamos en silencio atados al barco hasta que al fin guiados por la luz y el sonido de la sirena del faro entramos al abrigo del puerto.

jueves, 6 de agosto de 2015

Faros: Las luces del mar

 Galicia es un país de agua, tiene su rostro fracturado por las rías que la atraviesan como enormes cicatrices y es que el mar entra en la vida de los gallegos como ellas en la tierra desde los primeros tiempos de la humanidad. Los faros nacen en el limite entre uno y otra.
 Me gustan los faros. Son solitarios, impávidos, enormes.Me gusta de ellos su estructura, me gusta la función que hacen, el simbolismo que desempeñan,  su chorro de luz y su parpadeo y también, su soledad. Sé que esta es una visión un tanto romántica y un cierto bohemia pues la vida de los fareros era dura y demasiado solitaria, siempre pegado al mar, con el batir de las olas y el viento como único sonido de fondo. Desde el mar, los barcos no solo ven la luz del faro, que les advierte de la proximidad de la costa, sino que también lo identifican por los intervalos y los colores de los haces de luz, de manera que pueden reconocer frente a que punto de la costa se encuentran. A veces, este haz luminoso no es efectivo si la niebla se ha echado sobre el mar y es entonces cuando el sonido de su sirena  inconfundible avisa de un peligro inminente. Muchos de estos sonidos los recuerdo llenando mi infancia en los largos días de niebla y oscuridad de una noche sin estrellas 
 La ruta por la costa de Galicia de faro en faro es única. Paisaje, mito, historia y leyenda los envuelven  pues a pesar de extenderse prácticamente por  toda la costa gallega con su porte y su luz, desde Ribadeo ( Lugo ) hasta A Guarda ( Pontevedra ), los faros gallegos han estado vinculados, desde su origen, con numerosos naufragios y leyendas.
Quizás uno de los naufragios más legendarios y del que todavía hoy se habla por el misterio que envuelve al tesoro perdido, es el que ocurrió en el estrecho de Rande (Vigo)




TE ME ACERCAS
contándome al oído milagros
de miles de leyendas
que quedaron entre tus aguas

Me salpicas
con espumas inundadas de misterios
de otros tiempos y distancias,
con lamentos de promesas
que perdieron sus palabras
en tus bajamares intensos...

Y yo me acerco y te salpico
sabiéndome tan pequeño
tan desconsoladamente chico, 
tan solo entre mis gentes cotidianas, 
que me apabullan tus mareas,
tus olas y tus resacas.

A veces me respondes...
Pero de continuo callas y resbalas 
en las arenas de mi playa
que esperan impacientes tus respuestas.

Luis E. Prieto





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