lunes, 10 de julio de 2017

Marchar para volver

Marchar para volver, esa era la idea predominante que permanecía en la mente de todo aquel que se marchaba de Galicia , ya que ninguno se planteaba la posibilidad de quedarse para siempre.

El enorme vínculo con la tierra ha sido para nuestros antepasados uno de los motivos que han impulsado su vida: irse, trabajar, ahorrar y regresar de nuevo al hogar.

El ahorro era fundamental ya que la vuelta era inconcebible si no se veía la posibilidad de volver en condiciones más favorables de las que se tenían cuando se emprendió el viaje.

 La preocupación que los emigrantes gallegos tenían por el ahorro era casi obsesiva; hasta el punto de ser tacaños y avaros que vivían al día con lo estrictamente necesario. Esta idea obstinada, fue la causa de que, en general, lo emigrantes no se preocuparan de convertirse en propietarios en los países de acogida.

El constante retorno de los emigrantes gallegos es fácilmente comprensible si comprendemos el sentimiento gallego de la saudade.

Más que una simple nostalgia, este sentir provoca una añoranza indescriptible y quizás  habría que explicarlo  al que no  ha experimentado tal sentimiento.

 Unas veces será añoranza de un ser querido, otras "morriña" de cierto lugar, otras nostalgia de un tiempo pasado, otras pura melancolía, tristeza...

La colonia gallega  en el extranjero no deja de crecer. Mas de 500.000 gallegos están repartidos por los cinco continentes desde la Patagonia hasta Japón. Por primera vez en la historia, el número de gallegos en el exterior supera al medio millón. La emigración fue un fenómeno que había marcado a la sociedad gallega en el pasado siglo, pero ahora también es un fenómeno del presente.
Abundaban los insultos a los gallegos en la literatura del Siglo de Oro español, el desprecio que rayaba en el racismo iba asociado a la pobreza. 
La poeta Rosalía Castro se rebeló en sus libros contra el maltrato de los trabajadores temporeros gallegos en Castilla.
Los tópicos despectivos se reavivaron también en América entre finales del siglo XIX y principios del XX con la llegada masiva de emigrantes que desempeñaban tareas no cualificadas en los países de destino. 
A través del teatro se reforzaban los estereotipos que presentaban a los gallegos como personas incultas y rudas, con lo cual limitaba las expectativas laborales y de ascenso social.
La emigración ha sido históricamente una válvula de escape de la explosión demográfica, del hambre, de la falta de oportunidades y de la injusticia.
Millones de personas se trasladaron a América a lo largo de cinco siglos en distintas etapas por diferentes causas y con desigual intensidad. Y es que la injusticia social reina siempre entre los hombres como una lacra.









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