sábado, 6 de agosto de 2016

LA MALLA

Según nos adentramos en el verano, las noches se van alargando a medida que los días van haciendose más y más cortos, de tal manera, que a mediados de agosto dispondremos de más de 10 horas de oscuridad. El tiempo va apremiando para el trabajo de la malla, que al igual que la siega, es un trabajo duro; como los son casi todos los los trabajos del campo.


Es preciso que el sol caliente y caliente mucho, porque de otro modo los haces del cereal no se cortan bien  si están húmedos.

Tras la siega y días antes de la trilla o la malla, que es cuando se  separa el grano de la paja, se prepara la era. Es este un espacio de tierra limpia y firme , algunas veces empedrado que se cubre con una sábana o plástico donde se recoge el grano.



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Esta tradición, que se mantuvo viva durante siglos, lleva camino de convertirse en historia en buena parte de Galicia, o si no también, en otro, de los muchos relatos que nos cuentan nuestros mayores, ya que, como  es sabido el granero de España está en los campos de Castilla.

Antiguamente, antes de que aparecieran las máquinas, y lo hiciesen todo: segar, extraer el grano, empaquetar la paja...Todo esto, se hacía manualmente, aunando esfuerzos y sudores...



A pesar de un sol abrasador y de una constante nube de polvo que hace difícil respirar, es necesario llevar camisas con mangas largas, ya que el polvo, las espigas y la propia paja se introduce en el cuerpo sudoroso, produciendo un desagradable picor.
El rato que se tiene para descansar después de comer, es casi imposible soportarlo pues multitud de insectos se ceban en los cuerpos sudorosos, atraídos hacia él, para picar a su antojo a los segadores. Sin embargo es tanta la necesidad de dormir que uno no se da cuenta del gran festín que se están dando hasta que una vez despiertos,  se ven y se sienten los abones que han dejado las picaduras. 
 La solidaridad social se completaba con comidas ofrecidas por los dueños del cereal, con juegos hasta bien tarde, para recomenzar la labor al día siguiente, de nuevo, bien temprano, almorzando al rayar el día.


En los documentos medievales, los "señores" exigían la entrega del cereal "limpio de polvo ypaja" para ser guardado, después en arcas de donde se van retirando en sacos para llevarlo almolino y realizar la molienda



Esto sucede en Galicia, donde no abunda el cereal y donde los campos, en  escasas ocasiones, se tiñen de amarillo y se engalanan pocas veces de las preciosas espigas del trigo. Sin embargo, sí se guarda en la memoria colectiva de nuestras aldeas y pueblos, la imagen de aquellas cuadrillas de gallegos que se acercaban por los caminos de tierra, cansados de tantos kilómetros acumulados en sus pies dispuestos a volcarse en la labor de la siega en los campos de Castilla.


Tenían fama de ser buenos trabajadores. Trabajaban de sol a sol y a veces de noche, a la luz de la luna, estimulados por el deseo de regresar pronto a casa.
Muchos no aguantaron el esfuerzo y a llí quedaron enterrados para siempre, en el suelo de Castilla, lejos de su hogar y de sus gentes.


Castellanos de Castilla,                     
 tratade ben ós galegos;                                                      
cando van, van como rosas,
cando vén, vén como negros.             
Cando foi, iba sorrindo;
cando veu, viña morrendo.
                Rosalía de Castro



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